Las luces LED son luces con características y colores específicos que mantienen propiedades beneficiosas para el tratamiento de diferentes enfermedades o mejora de problemas antiestéticos de la piel. Sus colores más destacados son azul y rojo, cada uno de ellos –así como sus combinaciones-, con distintos aportes.

La medicina utiliza este tipo de tecnología para distintos propósitos, por ejemplo, para estimular la circulación al disponer de efectos antinflamatorios o por sus efectos bactericidas. Igualmente, las luces LED son utilizadas debido a sus excelentes efectos calmantes y relajantes e, incluso, pueden emplearse con el objeto de recuperar el estado natural de la piel después de tratamientos agresivos. También son estupendas aliadas para combatir otros problemas de salud, como pueden ser los eccemas, la rosácea o la cuperosis.

En el apartado estético, las luces LED favorecen la inducción de colágeno, repercutiendo en un aspecto de la piel más tenso; reducen los poros dilatados e, incluso, estimulan el crecimiento de folículos pilosos en casos de alopecia. Además, se utilizan para prevenir manchas o hacerlas retroceder; eliminar brillos, así como mejorar acné o la luminosidad de la piel. No sólo eso, sino que son excelentes para preparar la piel antes de la exposición solar del verano al activar la defensa natural frente a rayos ultravioleta.

La aplicación de la luz LED es muy placentera, pues aporta al paciente una sensación muy relajante. Las sesiones se realizan empleando una lámpara de luz que se pone sobre cada una de las zonas a tratar. Para conseguir resultados efectivos se recomienda realizar entre 5 y 6 sesiones. Previamente, el doctor valorará la aptitud del paciente para someterse a un tratamiento con luces LED.

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