¿Lavarse mucho el cabello es perjudicial? ¿El estrés influye en su calidad? ¿Por qué se dice que se suele caer más en otoño y primavera? Seguro que, en más de alguna ocasión, has notado tu cabello más seco o débil de lo habitual y te has propuesto mejorar tus hábitos para dotarlo de los cuidados que necesita. En cambio, cuando llega el momento de ponerse manos a la obre suelen aparecer preguntas cuyas respuestas no están del todo claras. Por ello, Clínicas Benzaquén quiere hoy recomendarte una serie de tips que te ayuden a entender qué debes y qué no debes hacer para que tu pelo se vea fantástico.

Lo primero que tienes que saber es que en la caída del cabello influyen diversos factores, entre ellos, nuestro estado hormonal. De ahí que el periodo estacional sea clave, pues éste acarrea cambios en el mismo. A esto también se une el estado de nuestro sistema inmunitario y el tipo de alimentación que llevamos. No podemos obviar la ingesta de aminoácidos que contengan cistina -presente en carnes, pescados, legumbres o verduras- así como de otros productos que contengan glutamina (yema del huevo, lácteos o guisantes) y cinc (cangrejo, chocolate negro o semillas de calabaza).

El nivel de estrés influye en tanto que también genera cambios en las segregaciones hormonales. Ante el exceso de preocupaciones o las rutinas de una vida ajetreada hay que buscar espacios en los que regalemos a nuestro cuerpo y nuestra mente un pequeño kit-kat: disminuir la tensión siempre nos vendrá bien.

En cuanto a los factores externos, hemos de ser precavidos con el abuso de tintes, secadores o planchas, pues suelen debilitar la estructura de la unidad capilar. También es perjudicial tirar del cabello hacia atrás, es decir, hacernos peinados en los que el cuero cabelludo superior queda muy tenso.

Finalmente, la caída del cabello es objeto de mitos y rumores no fundamentados que nada tienen que ver con la realidad. Por ejemplo, es rotundamente falso que el agua de lluvia sea un remedio contra la calvicie. Tampoco es cierto que sea positivo rasurar o rapar el pelo con el fin de aumentar su volumen, pues lo único que estamos haciendo es eliminar aquellas partes del mismo que ya están más pasadas o quemadas por el sol.

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